Poemas de Melisa Gnesutta

Foto de Liz Mellano

Litha

Desde temprano se escuchan
los sonidos del verano.
En últimos brotes los bulbos
explotan bajo la tierra
y se rajan
como el himen de las vírgenes.

Los insectos de la noche
van nutriéndose del aire caliente
para ofrendar sus vibraciones a las hembras
y aparearse.

Todo lo que vive chorrea sol
en el patio del mediodía.

Al cénit me abro
como una gazania
el cuerpo en solsticio
sale a buscar su comida.

Desmalezar

Te veía arrancar los yuyos
como en cámara lenta.
Hacías la tarde de rodillas
hasta que el pasto te iba chupando
y la humedad verde te subía por los pantalones.

Usabas un cuchillo para hurgar en la tierra.
El mango de madera se abría
y una tira de trapo
oficiaba de torniquete
alargándole el destino.

Entraba, miraba dibujitos,
y cuando salía al patio te veía.
Seguías en cuatro patas
arrancando todo de raíz como cordero
hociqueando entre las margaritas
los gladiolos, los agapanthus azules,
puteando a caracoles y hormigas.

Todos quieren tener un jardín
pero no saben del sacrificio,
repetías como justificando las horas
aunque no me hablabas a mí
o sí.
De vez en cuando me mirabas
y entornabas los ojos.
Acostumbrada a buscar gramones
no sabías cómo clasificar mi pastura.

Dientes de león

Las hijas corren
y el aquenio del diente de león
se deshoja flotando en el patio.
Más tarde haremos
la cosecha de las hojas
y preguntarán
por las raíces.

Como cachorras
desgarran la tierra
y se sumergen en su hendidura
con las flores amarillas
y los tallos
y las piedras.
Cantan un salmo
las niñas. Pero
esta siega es imposible.

Yo, Seclaud, de rodillas ante el fogón
conjurando a los dioses del fuego y del aceite
perfumo tu frente con albahaca y con laurel
ya que dado te fue nacer de vientre de mujer
del vientre de la tierra como un bulbo más entre los bulbos.

Glauce Baldovin

A Glauce


El culto de las madres

Yo también quise bautizarme, Seclaud,
con mi descendencia de mujeres
esas que bebieron mi cuerpo como pájaros:
una virgen en noche,
mi tierra que no duerme
y un carnero de fuego que todavía
puede soñar entre mis piernas.
En tu honor enhebro como cuentas
los nombres de las señoras de mi jardín
Berta, Mercedes, Hilda, Blanca, María
y anudo a mis caderas este cinturón de Venus.
Una cadena de madres, en procesión hacia el volcán
llevando ramos de jazmines puñados de sal en las manos
para ofrendarte, Señora del fuego,
y llorar a tus pies
al hijo perdido.

pero si canto, canto desde ella.
Sharon Olds

El otro linaje

Todo lo nuestro
se hizo con ofrendas.
Los gajos de potus
la mesa donde comemos
las sábanas de la cama
todo regalo y herencia.
También mi cuerpo
y mi forma de hacer mundo.

Madre siempre me empujó al linaje paterno:
estos son tus antepasados
cruzaron el mar
fundaron un nombre
estas son sus comidas
toma vermouth como su abuelo
esa ira le viene del padre.

Sin embargo,
mi infancia fue un patio
con una mujer minúscula
moliendo maíz a las gallinas
las piernas suaves
las manos oscuras
los ojos de niña.
Madre de mi madre.
En esa casta de agua
crecí como un gajito
trepada al mandarino
y escupiendo las semillas
en su tierra.

Creciente

Ese día no salimos:
el río crecería por fuertes tormentas
decían.

Desde la ventana veíamos
los relámpagos el silencio
cada descarga eléctrica
era un latigazo
que llegaba hasta nosotros.
El cielo ostentaba
sus venas luminosas
y nos bebíamos el resplandor
sin acusaciones.

No era el día perdido
esa confusión que nos anegaba
con la estela vibrante
de cada trueno.

Entendimos que la tormenta
era sólo el presagio
de un desborde

decidimos arrasar las costas
para que la creciente no hiciera
otra erosión irreversible.

Último día

El último día del verano
cada planta esconderá sus brotes
y bajará la savia

los frutos podridos
regarán la tierra
toda esta catedral que fue
el jardín
quedará vacía.

Los perfumes se irán
montados en mirlos y golondrinas
quedará sólo el olor del polvo
del pasto seco.

El último día del verano
estaré desnuda
agradecidamente desnuda
sin plumas ni pelaje
en las manos, mi propio cuerpo.
Silbando la crianza y la cosecha,
a la espera de un nuevo jardín.

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Melisa Gnesutta (1984, Río Cuarto –Córdoba) es profesora y Licenciada en Lengua y Literatura por la UNRC. Algunos de sus poemas han sido publicados en las plaquetas de poesía (M)araña de Recortes (UniRío Editora) y VersoRaíz, hojas de poesía (edición de la poeta Elena Berruti). En 2020 publicó su primer libro de poesía, “Patios de verano” (Editorial Cartografías). y participó de la antología federal “Flotar” (Proyecto Camalote, 2021).