Poemas de Matías Tejeda

Me asomo por la ventana y mis ojos se tiñen de bordó

Ven la tierra agrietada
con una higuera en el medio
que regala su sombra
a la hora de la siesta
y por las noches
cuida entre sus ramas
el sueño de las gallinas

Ven la viña que se estira
sobre el techo de chapa
abrazando los troncos que la sostienen en el aire
mantiene jugosas las uvas
que se pintan
después de sobrevivir al asedio
de hormigas y abejas

Ven las cenizas y los tizones
de quebracho colorado
descansando a la par del gallinero
como el recuerdo de mi abuela
haciendo fuego para hervir tamales
bajo la helada de julio
en las entrañas de la madrugada.

Mi herencia profana

Por un resquicio en la medianera
se abre paso una planta de poleo
En sus hojas guarda la clave
para crecer endulzando el aire
entre cemento y ladrillos
Esa sabiduría ancestral
con la que vence la crueldad del olvido
Corto con respeto una de sus ramas
para que el aroma me acompañe
hasta secarse
Después voy a hacer eso que aprendí de mis mayores
enterrar su cadáver en el mate
tratando de invocar así
sus propiedades sanadoras
El poder de la tierra.

Ellas también escucharon

Cuando la luna se hace de agua
llueve todo el mes
dice doña Elvira
con los ojos clavados en el cielo
mientras hace sonar el mate

Este mes la lluvia vino
el mismo día de la luna nueva
y ya hace una semana que el barro no seca

Por las ramas de la viña
las hormigas llevan en el lomo
hojas muertas
descuartizadas y crocantes
aprovechan el descanso del agua
y almacenan provisiones.

Detrás de cámara

Nos sentamos en el pasto
donde llegan los últimos rayos de sol
que te pintan el pelo de naranja
Las flores tibias del jardín nos rodean
cansadas de modelar para tu cámara
y ahí
en tu hábitat
me doy cuenta de que sos como las fotos que sacás
nunca nadie va a saber
el fino trabajo de artesana
que hacés para mostrar lo bello
abriéndote paso entre la maleza.

Sinopsis

La primera vez que me invitaste a tu casa
llegué con una docena de facturas
salimos al patio
y mientras regabas las plantas
puse el mantel sobre una mesita de madera sin barnizar
Ese día desayunamos al aire libre
compartiendo el mismo saquito de té de manzanilla

La segunda vez te fuiste de viaje
me dejaste la llave
me pediste que cuidara a tu gato
Cuando volviste Buñuelo y yo salimos a recibirte
bajamos tu bolso del remis y me quedé
subí unas latas de cerveza al freezer
y me quedé
preparé la cena
y me quedé.

Ruptura

Un batallón de hormigas negras
marcha por el patio que construimos juntos
y lo invade
arrasando todo con una delicada sincronía.

Compost

1
Vuelvo a visitarte
vuelvo a sentarme con vos en el pasto
vuelvo una vez más
a compartir un té
A través de mis anteojos empañados
por el vapor de la taza
puedo ver en tu cara
la huella que dejan los sentimientos cuando se mueven
después de estar un tiempo estancados
Como los muebles de una casa que pasaron años
acostumbrados a los mismos rincones
y de pronto cambian de lugar

2
Si hay algo que aprendí en este breve exilio
es a ordenar las prioridades
separar lo urgente de lo que no
Antes de que puedas decirme nada
agarro dos macetas del jardín
Quiero que mi patio crezca
a partir de las plantas que dejamos morir
Eso es algo que también aprendí
la tierra se nutre de las cosas podridas
Después de todo
tengo el mismo derecho que vos
a un nuevo comienzo.

__________________________________

Matías Tejeda (1995). Es nacido y criado en Frías, Santiago del Estero. Es profesor de matemática y ejerce la docencia como profesión. Forma parte del equipo organizador de la Feria del Libro de Frías, que en diciembre de este año va por su 4ª edición. Desde el 2020 realiza talleres de escritura.