Poemas de Juan Pablo Escobar

1

¿Cómo sonará tu voz
ahora que no me levantas para trabajar?
Si me despierto
es precisamente para escuchar tu voz:
la bombilla del mate
el chamamé
los ladrillos chapuceando,
porque antes hay que humedecerlos
y la pastina trascendente
que abraza
toda esa geometría invencible
que son tu mirada tierna
y tus palabras que resuenan,
en silencio,
contra la estridencia del mundo.
Si te sobrevivo
es sólo para recordarte.

2

Otra derrota más para festejar
con una pizza y una
Stella y de nuevo
esa impotencia abierta
como un bosque ardiendo
cada vez más cerca,
las manos sofocando
el viento terco de la incertidumbre.
Un plano (con)secuencia
insiste en repetir
la imagen de otro escape.

3

Las gotas duras caen
sobre el fondo hueco de la piletita.
Acostado,
escucho como acompañan el silencio
aplastado en el asfalto.
Veo el hálito transpirando
en las vitrinas, restos de voces
ya gastadas, inconclusas.
En el cristal de la ventana
veo como se confunden
el reflejo de la pila de libros
con los edificios.
¿Será que vivo en un libro?
Esa idea no me gusta,
así que abro la ventana
y el reflejo se quiebra,
en mil páginas.

4

No sé
con qué lavaste ese repasador.
Tiene un olor de cincuenta y pico,
de aguas que nunca vuelven.
Un trapo de colores
sumergido
en el barrio, en tus amigos
en tu mamá
y en todas esas muertes
que acumulás y fingís
como si nada.
Ese es el precio a pagar
cuando haces demasiado bien
las cosas.

5

Sentado, de noche intento
socavar en los objetos
exigirles una palmada en el hombro.
Un repasador arrugado,
Hecho un bollo manchado
y lleno de migas. Un vaso
de agua por la mitad
y unas llaves confundidas
en esta noche engañosa
y tan real
que debe ser puesta en duda.

__________________________________

Juan nació en San Miguel en el año 1988. Vivió toda su corta o larga vida en Grand Bourg. Actualmente se lo ve por las calles de San Miguel y alrededores. Su juventud transcurrió entre canchas de básquet, dibujos animados japoneses y obras en construcción. En algún momento no muy lejano un libro de Juan José Saer le abrió las puertas del multiverso literario. Por eso, ahora cree que puede escribir poemas y otras cosas. Por las mañanas se desempeña como empleado en una empresa multinacional y por las noches, dicen, intenta ser un buen estudiante en la Universidad Nacional de General Sarmiento.