Poemas de Gonzalo Montenegro

Declaración jurada

Me declaro negro
villero
Me declaro sucio
chorro
falopero

Me declaro escoria
basura
anti tira hasta la muerte

Me declaro en los márgenes
o por fuera de ellos
Me declaro con gorrita
y mal vestido

Me declaro y no me corro
si te encuentro por la calle
Cruzá vos
porque yo si te conozco

Me declaro tu ignorancia
tu miedo
Me declaro tu prejuicio
tu odio
tu ‘’hay que matarlos a todos’’

Me declaro mal hablado
paquero y vago
Me declaro el turro
el fulero

Soy el barro
la pared sin el revoque
Soy el hambre y el susurro

Tu

susurro que me dice
Negro puto volvé al pozo

Me declaro en vestimenta
que no permite mi ingreso a tu establecimiento
Me declaro contra la pared
abriendo piernas y
mostrando documentos

Me declaro tu ‘’hasta esa zona no te llevo’’
y tu ‘’la yuta existe por ustedes soretes,
no por nosotros’’

Me declaro la vergüenza
del país y de esta tierra

Me declaro sin futuro
sin alma sin risa sin canto sin vida sin amor sin mar sin aire sin merito sin derecho sin manos sin sin sin sin

Me declaro sin.

Yo que tengo, me declaro
Me declaro de este lado
del lado que no tiene lados
porque los lados son tus lados
ese muro de Berlín de policías
para no contagiarte lo que soy.

tengo
Y me declaro
Y no tengo mas
Y me declaro

Me declaro residente
de los campos de concentración
para negros de mierda,
de alma, de piel, de sentimiento.

Yo siento.
Tu putrefacción.
El odia.
Ella coge, cocina, lava, plancha, tiene hijos, cobra planes, no sirve. Pegale.
Ellos reprimen.
Nosotros robamos.
Vosotros nada.

La lágrima y la vida

Se escucha un profundo sollozo
en algún rincón de un zaguán cualquiera
y en simultáneo los pies de otro
van tan apurados que tropiezan
con la caja de dinero de la mujer
sentada en la vereda
pidiendo una ayudita para alimentar
a sus 3 hijos que la acompañan
en la esquina de Perón y Belgrano,
a una cuadra de la catedral
donde radica un grupo ya consumado
de linyeras, que con sus colchones
rebosantes de goma espuma rota,
son parte de la foto mental
de un pintor que deja pasar el tiempo
sentado en un banco de plaza
justo enfrente
mientras internaliza lo visible
para volcarlo en un lienzo sobre tela
y ver el error en su técnica
para erradicarlo
porque, al fin y al cabo
es consciente
de que dentro del sin números
de vidas que pudieron haberle asignado
le tocó una en la que puede
corregirse una y otra vez
y entregarse de cuerpo entero
al arte
y comprar telas
y pinceles
y colores
y, sobre todo
tomarse el tiempo necesario
para llorar cuando lo necesite

que importante!
la lágrima y la vida

Tiempos del amor que duele

Proliferan las miradas
entre papá y mamá

el mate cocido está que-pela
una bolsita de pan
y lo último de la mermelada de damasco
alojada en los bordes de su envase

mamá trae una cuchara
y me la entrega mientras me guiña el ojo
-así sacás mejor lo que queda-

papá se pasa la mano por la barba

la última flautita está por la mitad
y digo que no quiero mas
pero no la ofrezco
ellos nunca tienen hambre

A la hora de la cena
la escena se repite
a mamá le duelen los huesos
y se va a dormir con el mate
y las Don Satur de grasa

papá se pasa
la mano
por la barba

en la tele predominan
los pañuelos en la cara
con sus portadores arrojando broncas
materializadas
en piedras rotas
de las veredas rotas
producto de voluntades rotas

la policía atrincherándose
contra un edificio

yo excitado miro
como cuando miro Dragonballz
mamá de acostada
pregunta qué pasa

papá
papá se pasa la mano por la barba

papá me mandó a dormir
que ya es tarde
que mañana tengo que ir a la escuela
que sino no me levanto

yo quería ver
pero papá con una mirada
me acuesta y me tapa
sin levantarse de su silla

todavía no me duermo.
desde la pieza no se escucha nada
solo se refleja por abajo de la puerta
la luz de la tele.

ahora seguro papá se levanta
a pedirle un mate a mamá
y vuelve a sentarse frente a la tele

mientras se pasa la mano por la barba

Las calles de tierra quieren ser bellas

Es que la poesía
es un petardo de mecha corta
que puede explotar
en la mano de su portador canal
en cualquier momento

Al contrario
de una explosión superficial
que lastima y quema
esta se produce
siempre y cuando
nos encuentre atento
a la estela de la mecha

La vida en el barrio
en villa Palmira
o en ‘’Palmira village’‘
como la nombramos
cuando nos reímos
poniendo voz de ricachón,
sucede como siempre

los pibes que corren
por la calle
con una pelota horrible
que deja sus gajos
a cada paso

las madres de los pibes
puteando a las motos
en modo panamericana
pidiéndoles cuidado,
que se rescaten,
que en la calle hay chicos
jugando con la pelota

y los pibes en la moto
respondiendo con cortes
capaces de malhumorar
al cielo y al infierno por igual

como si fueran los disparos
de los nueve milímetros
que se escuchan
tan reales por las noches

papá quemando basura
Mamá en la feria, pero presente
Hermano lavando el coche

El barrio en domingo
y la poesía
tan ahí
al alcance de la mano

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Gonzalo Montenegro es estudiante del Profesorado de Lengua y Literatura en la Universidad Nacional General Sarmiento, radicada en el conurbano de la Provincia de Buenos Aires.
Fiel creyente en la educación pública, popular, gratuita y de calidad, y en la política como herramientas principales de transformación para vivir mejor.
También disfruta de escribir sandeces por las noches y las mañanas en su blog https://palomasyplazas.blogspot.com/