Poemas de Diego Domínguez

Fotografx: Andrés Sana
Personal

Sonrío cuando la brisa matutina
acaricia mi rostro.
Un conocido se arrojó de un sexto piso
a sus veinticuatro años,
todavía se puede ver como la sangre
pavimentada
dibuja un corazón hueco.
Hace un año falleció mi abuelo,
el mundo no se detuvo.
Hace meses falleció mi abuela,
ese día mis amigos organizaron 
un partido de fútbol.
Con el cabello húmedo me aplico una
sabia espesa, la yema de mis dedos
dibuja torpemente mis bucles.
Hace años que no me miro en el espejo.
A veces vómito canciones viejas.
Fracasé en el odio.
En mi último cumpleaños recibí tres visitas,
sin embargo todos me quieren.
No puedo descifrar los signos del rencor.
Tengo dolor de pies.
Todas las mañana mi almohada está húmeda,
creo que lloro dormido.
A veces me canso…
Todos los días intento ser mejor persona,
lo hago por mí.

Paraíso

Ayer caminé por las calles lejanas
de mi infancia.
Llegó a mí un eco de flores,
una rayuela que tapizaba la brea,
un árbol solitario con hojas doradas que
regalaba frescura en el ambiente,
y un gatito, algo desorientado,
me acompañó todo el camino.
Mi ex novia me decía:
“tu angustia, nene, parece un perfume”
Mientras veo que un arcoíris se dibuja a sí mismo,
una señora me saluda al pasar
con su mano llena de dulces.

Observo mi nombre y el de mis amigos
escritos en el viento.
Era nuestro juego favorito.
Dejo atrás las calles de mi infancia,
mientras la sombra me muerde los pies,
otro recuerdo me espera en la esquina,
mis ojos se cristalizan y desprenden
unas gotitas saladas que caen
en mis zapatos gastados por la nostalgia.

Reencuentro

Del otro lado de la ventana está la tormenta,
fría, gigante, sonora.
En el fondo de la taza de café existen
momentos tristes, frágiles.
Una fugaz motivación activa mi motricidad.
Existen figuras ideales que no comprendo.
Es así como me entrego a la tormenta a buscarme,
yo, el verdadero.
No el que se resguarda de la tormenta,
ni el que reniega de sus recuerdos,
el que nunca toco una taza,
el que se sienta en la tormenta y en cada esquina
observa con una pupila rasgada de nacimiento.
Ese otro que está rasgado por la exclusión que crean
Las figuras ideales que no entiendo.

Espérame allí

En qué estaba pensando este tiempo que no te escribía
Explenden

Espérame allí, en la nada.
Pasando el camino angosto de calles finas,
con tus manos recupera mi inocencia.
Espérame por favor, no tardaré.
Un niño perdido te busca desesperado
y la luna vacía se embebe de vergüenza,
las flores no cantan en la madrugada,
y el sol… se viste de luto.
Los paseos quedaron suspendidos por un momento
nuestros lienzos se afirman en las fotos.
Escucho una golondrina cantar un versito popular,
Que belleza, que magnifico.
A veces la extraño,

A veces la extraño demasiado.
Esos días subo a mi terraza de nubes
y me tomo un cometa expreso que me deja,
aproximadamente,
a dos estrellas de distancia.
El paisaje espacioso trae a mi memoria
un dibujito que nunca terminé.
Ella siempre me espera con una taza de té frío
y una lagrima pegada en su mejilla derecha.

Espacio y desastre

Un campo, un campo amplio y enigmático,
un tobogán invadido por la herrumbre,
una hamaca incendiada y con las cadenas podridas.
debajo de la arena se esconden huesos antiguos.
El árbol magnifico que llora la memoria olvidada.
Formación, deformación.
Ecos lejanos de alguna risa infantil
que impregna el espeso aire con un aroma perdido.
La joven Libertad observa horrorizada
el caos a su alrededor.

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Diego Domínguez nació el 21 de mayo de 1994 en el seno de una familia trabajadora. Aunque su rostro parece no atestiguarlo, cuenta con 24 años de edad (al presente). Pasa 8 horas diarias en la infinita espera de terminar la jornada laboral. Por la tarde adquiere el desafiante rol de estudiante del profesorado de lengua y literatura en la Universidad de General Sarmiento (universidad pública en tiempos de macrisis, el enemigo a destruir). Por las noches juega a escribir poemas en una libreta vieja que decora con flores y figuritas. Militante de las lecturas en los transportes públicos, sueña con poder pilotear un X-wing (sip, porque también hay tiempo para sueños frikis). Su pasatiempo preferido es coleccionar relaciones de amistad efímeras, quizá en este sentido, su carta preferida sea el colombiano Andrés Sana (autor de la imagen), compañero de monotonías y lecturas. Es fácil encontrarlo en conciertos under punk, donde los instrumentos desafinados se complementan con la distorsión sucia de algún Marshall saturado.