Poemas de Diego Domínguez

ILUSTRACIÓN: CARPITA
Para un joven lindo de rulos

Soñé que me caía.

Era re lindo.

El color de los autos,

Y el cielo que se alejaba.

Los árboles me soplaban

Para mantenerme levitando.

Yo saqué mi celular para tomar una foto

Y leí un mensaje tuyo: perdón.

Fue re lindo.

Dije que me caí, pero creo que me tiré.

Porque los pajaritos me acariciaban

Con sus alas pequeñitas y perfumadas.

Sentía cosquillas y

Tu mensaje me puso nervioso.

Cuando te quise contestar

Me desperté sobre mi almohada de adoquín,


Y mi cuerpo estaba raro,

no me podía levantar.

Con el hilito rojo que salía de mi boca

Escribí, sobre mi sábana gris:

Te perdono.

Confusión


Ví una chica igual a vos. Idéntica.

Le pregunté por qué me dijiste eso

la noche de lluvia en la esquina de

San Juan y Boedo?

Te acordás?

Nunca más volví a pasar por ahí.

Tu perfume está tatuado

en esa gloriosa esquina.

Las gotitas derrumbaban tu rímel

que se esparcía por toda tu carita.

Está bien

Yo tampoco espero nada de mí

Pero por qué me dijiste algo así?

La chica me dijo que no la moleste,

Que ella no me conoce.

Nunca creí ser un desconocido para vos.

VII

Es feo no tener amigos,

pero más feo es sentirse solo

aún cuando estás rodeado de ellos.

Es que en el marco de esta construcción social

me quedé sin ganas de martillar,

le dije a mi espejo esta mañana.

Hace mucho que no lo veía.

VI

El papel metálico cruje

para dar lugar a nuevas sensaciones.

La esperanza inmediata al alcance

de un vaso de agua.

Un mundo de fantasía:

la última parada del tren Clonacepam

V

Tres días

duró el incendio de los arcoiris.

Me olvidé

Que tenía mariposas en los bolsillos.

Me perdí en el laberinto de tú sonrisa.

IV

Una hoja amarillenta

pegada en la heladera.

La letra contenta:

camina por la ladera.

III

Un cuervo en mi pecho,

el abrazo de mi hermano.

No necesito nada más.

II

Un tatuaje que diga:

“Sos cualquiera, pibe”

I

Ese último verso dolió.

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Diego Domínguez nació el 21 de mayo de 1994 en el seno de una familia trabajadora. Aunque su rostro parece no atestiguarlo, cuenta con 24 años de edad (al presente). Pasa 8 horas diarias en la infinita espera de terminar la jornada laboral. Por la tarde adquiere el desafiante rol de estudiante del profesorado de lengua y literatura en la Universidad de General Sarmiento (universidad pública en tiempos de macrisis, el enemigo a destruir). Por las noches juega a escribir poemas en una libreta vieja que decora con flores y figuritas. Militante de las lecturas en los transportes públicos, sueña con poder pilotear un X-wing (sip, porque también hay tiempo para sueños frikis). Su pasatiempo preferido es coleccionar relaciones de amistad efímeras, quizá en este sentido, su carta preferida sea el colombiano Andrés Sana (autor de la imagen), compañero de monotonías y lecturas. Es fácil encontrarlo en conciertos under punk, donde los instrumentos desafinados se complementan con la distorsión sucia de algún Marshall saturado.