Poemas de Camilo Romero Maturano

Selección de Pública Intimidad (Niña Pez Ediciones, 2019)

Mentiras

Leí el Martín Fierro.
Mentira, ese día me rateé.
Leí a Cervantes, a Quevedo.
Mentira, me llevé ese trimestre.
Pero sí leí a alguien
que escribió esto en internet:

“Es 1999,
afuera llueve y mamá me dice
que, si quiero, que me quede,
que me está yendo bien,
que las notas ya están cerradas
y que ayer la llamaron para felicitarme.

Cerca de las diez y media,
enciendo el televisor,
siempre está en Magic Kids.
Mamá trae Nesquik
en una taza del Mundial 98.
Merengadas o Sonrisas,
El mundo de Beakman o Nivel X;
el Sega y el cartucho de Sonic 2
en algún rincón del cuarto.

Mamá también dice
que hoy se va a quedar en casa,
que no trabajará por un tiempo,
que todo va a estar bien,
que me está yendo bien”.

Puedo, sin esfuerzo,
verlos en ese cuarto,
preparándose sin saber para qué.

Puedo, durante esas líneas,
estar allá y acá al mismo tiempo.

Podría seguir mintiéndome,
volver a decirte que lo leí en internet.
No, ya no hace falta.

Glosario

En este negocio
hay un libro con palabras
casi imposibles de traducir:

Mangata: el reflejo de la luna sobre el mar.
Cafuné: pasar los dedos por el cabello de un ser amado.
Tsundoku: el hábito de comprar libros y no leerlos.
Waldeinsamkeit: sensación de soledad en un bosque.
Retrouvailles: reunirse con alguien luego de mucho tiempo.
Mamihlapinatapai: sostener una mirada entre dos personas,
aguardando que la otra dé el primer paso
de algo que ambas desean.

¿Habrá alguna palabra,
en cualquier idioma, en cualquier lugar,
que explique el porqué de la nada
después de todo, después de tanto?
¿Qué nombre llevará
esto que sigo haciendo?

Cierro el libro y lo dejo sobre la repisa.

Inconexión

¿qué es fumar
con las luces apagadas
y peleas de fondo
y unas piernas apoyadas
en un tesoro hediondo
de tintas vulgares
y ardor espontáneo?

¿qué es “quererse un poco”?
viendo sombras sin tamaño,
acariciando algún reflejo,
tocando diez mil muros,
rompiendo otro espejo
con meñiques inseguros
que rozan todo lo que pasa.

¿qué es morir sentado
a tantas cuadras de tu casa?
entregar las posesiones,
quizá vender el alma
al peor postor posible,
o al que entienda
que un ciego está muriendo
queriéndose y fumando.

Impotencia

Esta noche
cualquier cosa
es interesante:
el murmullo
de las cañerías,
la inquietud
de los muebles,
los errores
del tiempo.

Creo que escucho
la escasa electricidad
esperando inmóvil
en los enchufes
y a mis órganos
trabajando
sin parar,
incesantemente.

Cualquier cosa
atrae más
que esta página
en blanco.

Incluso la tibieza
de la luz
en mi cara
o tu voz
atravesando
la puerta,
diciendo:
“¿Bajás a desayunar?
Ya es de día”.

Merienda

Quisiste usar
las tazas lindas,
las de tu mamá
(cómo me gustan tus manos
manejando la porcelana
con dulzura).

La pava silbó.
Buscaste canela,
te ataste el pelo
y el vapor de la tetera
se fundió con tus hoyuelos
(adoro eso).

Tu mamá llegó,
junto con tu hermana menor,
y me miró de arriba abajo,
antes que a las tazas.

“¿Y cuánto gana un escritor?”.
Tu hermanita se sonrojó y se fue a jugar.

Y te busqué con mi silencio,
pero ya estabas,
de espaldas hacia mí,
lavando, aún más callada,
las tazas de tu mamá.

Ese momento.
Ahí entendí todo.

Suerte

Estoy pensando:
“Cosas
fuera de mi alcance
que dejo en manos
de la suerte”.
A ver.

Aprobar un examen
sin haber estudiado.
Que no me toquen
figuritas repetidas.
Colarme en el subte
sin que me pesquen.
Esa es una buena.

Ganar la lotería.
Buenos dados,
mejores cartas.
No, creo que eso no.

Naranjas jugosas, sí;
carne tierna, pan del día.

Abrir los ojos
cualquiera de estas mañanas
y verte dormida
a mi lado.

Qué loco.
Eso sí es buena suerte.

Cómo llorar

hoy en casa
encontré una caja
y en ella una filmadora,
varias cintas caseras
con mi nombre escrito
por mamá,
pero con su letra de joven.

en una: la abuela
es ciega,
no puede verte.
qué es ciega, pregunté.
que no puede verte.
dale tu mano,
así sabe cómo sos.
te quiere,
por eso la aprieta;
te quiere.

en otra: yo.
ojos cerrados,
camino y espero
que alguien
sepa cómo soy,
que alguien me quiera.

van y vienen
estas escenas
y películas enteras
de mis más tempranos días.
imborrable infancia
en 8mm.
tesoro invaluable
e inflamable a la vez.

mamá pasa por detrás.
me encuentra
sumergido en el pasado,
o aprendiendo a llorar,
y dice:
ese amigo de tu papá
ya está muerto
y ese otro también,
y aquella señora
falleció el pasado año.
solo quedamos nosotros.

sigue su quehacer
sin importarle tanto
a dónde es que fueron ellos.

todos nosotros,
uno a uno,
pasando la vida
buscando parecernos
a quienes
fingimos ser.

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Camilo Romero Maturano (Mar del Plata, 1992) es músico, escritor y redactor. En el año 2016, Valses y otros relatos —su primer libro de ficción— fue publicado por la editorial textosintrusos. Tras haber colaborado con varias revistas de Argentina, España, México y Alemania, incursionó en la poesía con Pública Intimidad (Niña Pez Ediciones; CABA, 2019), agotando la primera edición del poemario en pocos meses.
Su cuento “En el balcón” —incluido en su nuevo libro, Como castillos de arena (Niña Pez Ediciones; CABA, 2020)—, ha sido premiado con el tercer puesto del VI Concurso “Osvaldo Soriano” de la UNLP. Actualmente participa de lecturas y festivales de literatura.