Poemas de Antonella I. Vulcano

Ilustración de Gabriel Carpita

*
Voy a la casa de mamá
como si estuviese subiendo
al árbol que me fue
negado durante la niñez
voy a la casa de mamá y
cruzo las mismas calles que
caminé cuando no existía este retroceso
este volver al punto
de
tensión.

Voy a la casa de mamá:

no soy la visita ni el estropajo
llevo este cuerpo
nuevo
o mutilado
por la abrasión.

*
Mamá le dijo a papá
que su padre había muerto
nosotros mirábamos desde adentro del auto
parado en una estación de servicio camino a Santiago.

La ciudad sin luz
y los árboles caídos
me dibujaron en la mano
el mapa de los años venideros.

*
Llegamos y la abuela estaba sentada en la oscuridad
entré tocando las paredes hasta que llegué a sus rodillas

no tuve miedo
pero años después entendí que fue en ese gesto derretido en la oscuridad
en donde construí mi sigilo

mi lóbrego exilio.

*
Fuimos la visita esperada
Nos hacían té
y budines que después nos llevábamos
envueltos en servilletas.

Y en este viaje en el que soy yo la que se queda
a cuidar
a alimentar
a conservar lo poco que nos queda del rumor
una lluvia fina me acompaña
mientras empiezo a construir baluartes

para cuando ella vuelva.

*
Hoy encontré la marca que hacías en la pared
para medir mi crecimiento
ese gesto de ver el mundo a través de mí
no fue más que una pausa,
el silencio que anticipó todo lo que pasó después,
lo que ya no pudimos registrar.

*
Por la mañana escucho
ruido de ollas
y sillas moviéndose

son mis abuelos -pienso-
preparando la comida del domingo

el perfume de los manteles
lavados con jabón blanco se
mete por debajo de la puerta,

me aturde
salgo
me quedo unos segundos
suspendida en el living
y entiendo: no son mis abuelos

mamá y papá toman mate
en la mesa redonda
sonríen y
me invitan a sentarme
sin entender
que parte de esa felicidad
se queda ahí
como una foto
en el río
dulce

el agua nos llega a las rodillas
mi hermano juega
yo miro a mi papá
que intenta destapar una botella

y una piedra
con esquinas
me lastima
con la piedad
que le otorgó el tiempo.

*
A mamá se le incendiaba el pelo
y la abuela llegó corriendo
con un vaso de agua.

Como animales que se
escapan de la inundación
nos hicimos un hueco en el árbol.

Yo ya sabía leer
entre líneas

“como en la infancia
fuimos felices por error”

pero no pude entender el
peso que cargaba mi abuela en las manos
y el olor a hojas quemadas
era
lo único que
en la pesca ciega de la narración
iba a poder conservar.

Llegó la noche cuando
estábamos por atacarnos
y arrancarnos lo único que
nos quedaba seco en el cuerpo.

*
Las cáscaras de naranja ya estaban secas,

podría haberme arrodillado para cubrirme con las plumas
añejas desparramadas en el suelo
pero caminé hacia la cocina,
encendí la hornalla
y me consagré violentamente
a tolerar las vastas pausas los nuevos sabores.

*
Nos fuimos a pasear
ya no quedaba nada que hacer en la casa
nos fuimos sin entender el
peso del acontecimiento:

dos pasados que encuentran un hogar
son animales que detonan
bajo el peso del mismo cuchillo.

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