Poemas de Alejandra Mendez Bujonok

FOTOGRAFX: GABRIEL BAUDO

Selección de Charlas con Cuchúa (Editorial Deacá, 2018)

*

Los nietos corretean poráhi
con un elástico tumulto infantil.
Los tempranos en el mundo
son alegres como los picaflores,
hiperbólicos con su zunzún,
sobre todo en el celo, y esa especie
de U universal.
Pobres bichos, tanta tala,
tanta tonta mano humana.

*

¿Quién no ha muerto una mañana
de puro hastío?
Yo veo el pájaro de mal agüero
más seguido de lo que quisiera.
Yo tengo un pájaro en el corazón,
no puedo dejar de mirar,
tengo un corazón en el pájaro,
y no comprenden de raíz
aquellos que se burlan
de nuestras historias,
aquellos que se florean,
en pos del arte, en pos del metal.
Pacharacos que llenos de nada
van con sus plumones inútiles,
ríen a carcajadas abriendo
la boca y tirándose hacia atrás.
No ha de haber tristes más largos
que los ruidosos, ¿viste vos?
No iluminan, Cuchúa, encandilan
para enceguecer.

*

Hoy la sombra se desliza con la fresca,
es mediodía y un círculo imperfecto
brota ante mí sobre la mesa
a través de las ramas del naranjo
y rezo desde el silencio:
luz del día, oye a tu hijo
que escapa del descontento.
Ella viene con su ramito de tomillo
mezclando los aires al pasar
los olores que respiro,
su ser en forma,
viene y me toca su perfume
en breve instante el alma.
Me dejo dormir en el lomo del árbol conocido.
Hay una confianza desigual en la siesta,
todo parece entrar en este tiempo sin tiempo,
en esta especie de agujero sin fondo.
El que estuvo preso sabe que la cárcel
existe primero en nosotros.
Las paredes pueden ser fronteras
o mares o costas.

*

Te pregunto por la memoria
¡qué extraño gato zigzagueante!
Decime cómo veías vos nuestras cosas,
pequeñas o grandes cosas, eso depende.
¿Recordás la tarde que matamos al bayo
por pura picardía nomás? Me persigue todavía.
Pienso al trote en su caída, su pelaje, su temple,
el porte, el pecho de ancho río.
Ahí su centro, su gravedad, su brillo extremo.
Yo amaba acariciarle el anca.
Dicen que para cinchar un ancla del Titanic
llevaron veinte shire. ¡Qué animalidad
esa fuerza delantera y esa cosa sobre el mar!

*

Parecía de otro mundo el recuerdo.
Nos vestíamos y andábamos por la quinta,
por la escuela, rodeados de más niños de ese otro mundo,
de sus campos o sus caballos crecientes de luna llena.
El bayo cayó al pozo como si fuera un rollo de seda.
Él murió con el sabio don del país que entiende su devenir.
Sus ojos nos miraban ya desde otro lugar
consolándonos.

*

Veo las nubes venir hacia mí,
cuelgan de la soga del aire como criaturas de lo eterno,
son chivitos, torres, ojos de víboras, malvones,
espuelas, jirafas, canarios o calles, según se necesite.
Y están lejos, lejos como aquella isla de vacas
que forma casi un cuadro. Paraísos
que bajan a la tierra
con la lluvia que tiene mi corazón. Hacia ahí vuelo.

*

Arranca el tren de carga,
la luz en el espacio,
cuando se esconde el sol,
cuando se desesconde.
El arrullo de los pinos da tibieza
en la inmensa laguna de la infancia.
lo recuerdo desde este desarraigo
que me hizo cantar, y entonces,
¿quién era yo cuando el aire
golpeaba las palabras
capaces de sobrevivir al cuerpo?
¿Un roce tendido en los pastos
que se suspenden como sueños,
acaso
quietud?

*

En la previa de la lluvia hacen el camino
las hermanas pequeñísimas
y se guardan los animales de todo miedo.
En lo alto, los pájaros forman círculos
como oteando el refugio.
La luz de las primeras gotas
salpica el ansia de las hojas,
que esperan, como yo,
el rugido celestial.

Los nietos corretean poráhi
con un elástico tumulto infantil.
Los tempranos en el mundo
son alegres como los picaflores,
hiperbólicos con su zunzún,
sobre todo en el celo, y esa especie
de U universal.
Pobres bichos, tanta tala,
tanta tonta mano humana.

*

¿Quién no ha muerto una mañana
de puro hastío?
Yo veo el pájaro de mal agüero
más seguido de lo que quisiera.
Yo tengo un pájaro en el corazón,
no puedo dejar de mirar,
tengo un corazón en el pájaro,
y no comprenden de raíz
aquellos que se burlan
de nuestras historias,
aquellos que se florean,
en pos del arte, en pos del metal.
Pacharacos que llenos de nada
van con sus plumones inútiles,
ríen a carcajadas abriendo
la boca y tirándose hacia atrás.
No ha de haber tristes más largos
que los ruidosos, ¿viste vos?
No iluminan, Cuchúa, encandilan
para enceguecer.

*

Hoy la sombra se desliza con la fresca,
es mediodía y un círculo imperfecto
brota ante mí sobre la mesa
a través de las ramas del naranjo
y rezo desde el silencio:
luz del día, oye a tu hijo
que escapa del descontento.
Ella viene con su ramito de tomillo
mezclando los aires al pasar
los olores que respiro,
su ser en forma,
viene y me toca su perfume
en breve instante el alma.
Me dejo dormir en el lomo del árbol conocido.
Hay una confianza desigual en la siesta,
todo parece entrar en este tiempo sin tiempo,
en esta especie de agujero sin fondo.
El que estuvo preso sabe que la cárcel
existe primero en nosotros.
Las paredes pueden ser fronteras
o mares o costas.

*

Te pregunto por la memoria
¡qué extraño gato zigzagueante!
Decime cómo veías vos nuestras cosas,
pequeñas o grandes cosas, eso depende.
¿Recordás la tarde que matamos al bayo
por pura picardía nomás? Me persigue todavía.
Pienso al trote en su caída, su pelaje, su temple,
el porte, el pecho de ancho río.
Ahí su centro, su gravedad, su brillo extremo.
Yo amaba acariciarle el anca.
Dicen que para cinchar un ancla del Titanic
llevaron veinte shire. ¡Qué animalidad
esa fuerza delantera y esa cosa sobre el mar!

*

Parecía de otro mundo el recuerdo.
Nos vestíamos y andábamos por la quinta,
por la escuela, rodeados de más niños de ese otro mundo,
de sus campos o sus caballos crecientes de luna llena.
El bayo cayó al pozo como si fuera un rollo de seda.
Él murió con el sabio don del país que entiende su devenir.
Sus ojos nos miraban ya desde otro lugar
consolándonos.

*

Veo las nubes venir hacia mí,
cuelgan de la soga del aire como criaturas de lo eterno,
son chivitos, torres, ojos de víboras, malvones,
espuelas, jirafas, canarios o calles, según se necesite.
Y están lejos, lejos como aquella isla de vacas
que forma casi un cuadro. Paraísos
que bajan a la tierra
con la lluvia que tiene mi corazón. Hacia ahí vuelo.

*

Arranca el tren de carga,
la luz en el espacio,
cuando se esconde el sol,
cuando se desesconde.
El arrullo de los pinos da tibieza
en la inmensa laguna de la infancia.
lo recuerdo desde este desarraigo
que me hizo cantar, y entonces,
¿quién era yo cuando el aire
golpeaba las palabras
capaces de sobrevivir al cuerpo?
¿Un roce tendido en los pastos
que se suspenden como sueños,
acaso
quietud?

*

En la previa de la lluvia hacen el camino
las hermanas pequeñísimas
y se guardan los animales de todo miedo.
En lo alto, los pájaros forman círculos
como oteando el refugio.
La luz de las primeras gotas
salpica el ansia de las hojas,
que esperan, como yo,
el rugido celestial.

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Alejandra Mendez Bujonok (1979) San Cristóbal (Santa Fe), reside en Rosario. Poeta, guionista y productora cultural. Es colaboradora en diferentes revistas literarias del país. Curadora de diversos encuentros literarios en su provincia. Llevó a cabo los ciclos de lecturas: “Poesía en los Bares” organizado por Secretaría de Cultura y Educación de la ciudad de Rosario, “Poetas que leen a otros Poetas”, “Poetas del Tercer Mundo”, y los trasnoches del Festival Internacional de Poesía de Rosario (ed. 2010-2011) entre otros. Ha participado en importantes encuentros o festivales de Poesía nacionales e internacionales. Figura en diversas antologías nacionales y latinoamericanas. Actualmente coordina el ciclo de lecturas en la Biblioteca Argentina Dr Juan Álvarez de Rosario y es co coordinadora del área letras en el Complejo Cultural Atlas. Coordina talleres literarios en su ciudad. Ha publicado: “TARDE ABEDUL” (poesía) editorial La Pulga Renga, Rosario (primera edición 2013 – segunda edición 2015) “CHARLAS CON CUCHÚA” (poesía) editorial DeAcá, Villa Mercedes, San Luis (2018)