Poemas de Adrián Agosta

Óleo sobre tela, 21cm x 26cm. "Las hijas maquillaron la cara muerta esta mañana." Agustín Aguirre Escobar.

El velorio del abuelo, como el velorio
de la vecina del abuelo, es en su casa

ahí mismo donde, hasta ayer
miraba los partidos de River.

Las hijas maquillaron la cara muerta esta mañana.
Sujetaron con un pañuelo la mandíbula
para que no se enfriara con la boca abierta
como gritando.

Limpiaron el último pis, secaron sus piernas
le dieron pequeños golpes en los genitales.

Viejo hijo de puta –susurraron
con tierno terror y tristeza y también
con algo de festejo.

Los hijos, y los hijos de los hijos
se emborrachan ahora, escuchando Momo Sampler.

Tiraron unos pollos a la parrilla y alrededor de ella
se entibian los huesos
y cuentan sus historias. Hablan
de la muerte.

Como las víboras
aprendieron a cambiar de piel
sin lamentarse.

Y también como ellas
cargan consigo sus venenos.

Alguien adentro cierra los ojos y reza: Señor, líbranos.

¿De quién?

Las cortinas de plástico se tienden
sigilosas bajo el marco de la puerta.

Cae
la tarde.

Señor: de nuestros enemigos
líbranos.

*

dormir con el ventilador en máximo
ya sea que haga frío, dormir así
acariciado por la brisa tan suave tan fresca tan
tonto entre las sábanas tan solo
y desnudo

entre las sábanas dormir
con el ventilador en máximo
y las luces apagadas
abrir los ojos ahogarlos en los charcos
que se abren en el techo
llenarlos de noche, cegarlos

te vas cuando quiero quedarme
volvés cuando por fin me estoy yendo.

qué vas a hacer conmigo qué voy a hacer yo?
servir un vaso de agua
un vaso de leche escuchar the dark
side of the moon hasta que caiga dormido
en la bañera?

voy a escribir poemas voy a buscar
como perro en la basura o peor
como chico que busca en la basura
un poco de comida un juguete un papá
o simplemente dormir con el ventilador en máximo
en la madrugada de nadie?

*

se secó los ojos
me miró
y me dijo
cuando te joden, adrián
cuando te lastiman verdaderamente
te ceden algo más, mucho más
horrible que el dolor

me dijo: a veces
le presto atención a los perros
que toman el agua de las zanjas
o me conmuevo
con los restos de una vieja bolsa
temblando entre los alambres

*

mientras la piel de las naranjas es luminosa y afuera
el pasto verde y vivo crece y crece y se arquea

mientras cuelgo la ropa y un avión
traza una larga línea blanca en la tarde inmensa de mis ojos

mientras los perros juegan y se muerden y en la calle acelera una moto
y otra más mientras fabi sonríe
suelta el humo tose y sonríe y me dice:
esta mierda nos va a matar

y abrimos la boca como si estuviera llena de abejas, gordas abejas
y respiramos

mientras fabi me dice: ya no quiero cambiar nada, me conformo
con olvidarme de algunas cosas
y el día se esparce desnudo y eléctrico

también ahí, en todo eso, respira la noche
como un animal silencioso, la diminuta
noche de cada cosa

la noche reptil, la que espera
en los ojos de los sapos en las grietas en los poros de la tierra

la que se mete en nuestros cuerpos la que nos invade la que nos asola

mientras las sábanas se mueven colgadas en la soga
mientras la piel de las naranjas es luminosa
y el pasto verde y vivo crece y crece y se arquea

*

Despejar dolor con más dolor. Quién no
lo hace. Así se deja amasar nuestra jornada
con trabajo y tristeza
y algunos calmantes.
Así se deja mentir: es verano
somos jóvenes, tenemos vino.
Creemos que nuestra poesía va a triunfar
que alguien
va a decir nuestro nombre. Pero

*

Nadie juntó la mesa esta noche
y se acercan las moscas.

Es verano: el ventilador gira y gira con aspas despedazadas
en medio del comedor vacío.

¿No nos sentiríamos un poco mejor si alguien
nos dijera: mañana no será
otro día?

Tal vez.
En ese caso no habría camisa, corbata
ni colegio al que ir
no habría una madre llorando en el baño
ni un padre escapando en medio de la madrugada

luego de recibir la llamada de otra mujer.
Pero así está dado todo. Crecer
es comprender el ancho silencio insoportable
donde antes rodaban las risas.

Deberíamos aceptar que las cosas hermosas se pudren
o que nunca ha habido cosas hermosas
sino, tal vez
solo cosas
tendidas bajo la podredumbre de nuestra mirada.

Mañana será, por supuesto, otro día.
Mañana será otro día de verano.

Mañana, cuando alguien te diga que te ama
vas a oír el chirrido de este viejo ventilador, sus aspas
girando
y girando en medio de tu pecho.

La mayoría de estos poemas se publicarán
este año en la editorial Elemento Disruptivo.

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Adrian Agosta (Adrogué, 1994).