Dossier. Memoria y escritura. 24/03/2021

Haz click en el video para detener la música

García Gastelu
Un poeta bajo bandera*

Por Fabían Domínguez

* Este texto es un adelanto del libro El secreto de Fátima , investigación sobre la masacre de treinta militantes en el distrito de Pilar.

La noche del 7 de agosto de 1976 la familia Porta se reunió en pleno en su casa de Banfield para agasajar con una cena a Horacio García Gastelú, el novio de Ada Victoria. El muchacho, bajo bandera, hacía el servicio militar en Bahía Blanca, en una unidad de la Armada, y tuvo una licencia corta que empezó el 26 de julio y el 11 de agosto debía reincorporarse. Nació 24 de abril de 1955. Vivió su infancia en San Justo junto a sus padres, sus dos hermanos, abuelos y tíos en el mismo barrio. Hizo el primario en el Colegio Ward de Ramos Mejía, pues su padre quería que sus hijos tuvieran dominio del inglés. El secundario lo hizo en el Colegio Nacional Buenos Aires. Luego siguió estudiando Biología, mientras trabajaba en una empresa exportadora de flores. Tenía  20 años cuando recibió la convocatoria para formar parte de la última camada que haría el servicio militar, la colimba, con más de 20 años. Al año siguiente entraron muchachos de 18. En la zona de Magdalena hizo parte de la instrucción, pero su destino fue Bahía Blanca, en una base de la Armada.

Aprovechó al máximo aquellos días para estar con sus padres y su novia. En una charla privada le contó a su padre, el contador Oscar Félix García Buela, que no lo trataban mal en el cuartel pero se sentía vigilado, y de manera especial nombró al Teniente De León. Otra cuestión que le llamó la atención es que en su unidad todos hacían prácticas de tiro, pero que a él nunca lo dejaron acercarse a las armas, ni pistolas ni fusiles. Como lo confinaron a tareas administrativas tenía acceso a las fichas de los conscriptos, y se dio cuenta que algunas de ellas tenían una marca especial, incluida la de él.

Egresado del Nacional Buenos Aires, en 1974 quedó impactado con la muerte de su mejor amigo, Eduardo Horacio Bekerman, un compañero de la UES que fue asesinado por la Triple A en Quilmes el día del segundo aniversario de la Masacre de Trelew. Eduardo era muy solidario y militaba en la UES y en el barrio, en el sur del Gran Buenos Aires. Como era desprolijo en su presencia lo llamaban Roña. Luego de una reunión con otros dos compañeros del Nacional, Pablo van Lierde (el Gringo) y Carlos Baglietto, fueron secuestrados en una vereda de Bernal, subidos a una citroneta donde fueron interrogados de manera salvaje. Luego los llevaron  a un descampado y los fusilaron de un itakazo a cada uno. De los tres sobrevivió Baglietto quien, desde su lecho de convaleciente, contó lo sufrido a La Causa Peronista[1]. Horacio era muy amigo de Eduardo, fueron compañeros de banco durante todo el secundario y, ya en el barrio, si no estaba en su casa estaba en lo de Eduardo. Su mamá, Haydeé Esther Gastelú, recordó que al enterarse del asesinato de su amigo no pudo levantarse de la cama y no tuvo fuerzas para ir al velorio. A los pocos días escribió un poema titulado Eduardo.

La madre estaba preocupada por la militancia política de su hijo, y apenas terminó el colegio le consiguió, a través de contactos, un puesto en el Banco Nación, pero en una sucursal de Estados Unidos. Horacio se negó a ir y dijo que si lo obligaban a los tres meses regresaría clandestino al país para seguir militando.

***

Ada Victoria, la novia de Horacio, era militante de la UES de Lomas de Zamora y la conocían como Dodo. Fue una de las organizadoras de la UES en la zona sur y muchos se sorprendían de su militancia a pesar de no ir a una escuela pública sino al Saint John´s, donde un año organizó y fue la principal oradora del acto homenaje por la Masacre de Trelew. Como Horacio, también conoció a Eduardo Bekerman, que en 1974 pasó a ser responsable de la UES zona sur. Al terminar el secundario entró a trabajar a una dependencia del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), y de la UES pasó a la JTP.

Horacio llegó a Bahía Blanca los primeros días de enero donde, luego de un breve periodo de instrucción, lo asignaron a tareas administrativas y juró a la bandera el 20 de junio, día que sus padres y su novia lo visitaron y almorzaron con él. Recibió la primera licencia a mitad de año y, el último día antes de regresar, el ingeniero Livio Dante Porta lo agasajó con un asado de despedida, en la casa que tenían en Azara 1557, Banfield. El ingeniero Porta es reconocido en nuestro país y en el exterior como uno de los impulsores de las locomotoras a vapor a una nueva dimensión, con numerosos inventos entre ellos de la máquina Presidente Perón, o Argentina.

Aquella noche del secuestro, en la casa estaban algunos primos y los hermanos de Ada Victoria, junto a otras personas mayores quienes a las 2.30 de la madrugada estaban despiertos, algunos en la sobremesa, otros en las habitaciones. A esa hora un grupo de personas armadas irrumpió desde uno de los costados de la casa, saltando la tapia que daba al Juzgado de Menores, y obligaron a tirarse a todos en el suelo. Mientras algunos revisaban la casa, tomando libretas, dinero y otros elementos, otros se dirigieron a Horacio, lo encapucharon y se lo llevaron, lo mismo que a Ada Victoria, sin que nadie pudiera evitarlo. En realidad a los jóvenes los encapucharon, a los adultos los encerraron en una habitación y a la pareja la torturaron de manera salvaje en la cocina. Muchos años más tarde uno de los jóvenes que presencio todo le contó a Haydé García Gastelú que cuando se los llevaron a Dodo le brotaba tanta sangre por la boca que se ahogaba, le costaba respirar y apenas se sostenía en pie, mientras que Horacio, que se movía por sus propios medios, les gritaba: “van a pagar por lo que hicieron”. En la calle se escuchó el ruido de autos alejarse, y los vecinos que vieron la caravana confirmaron que eran vehículos Ford Falcon.

***

Los padres de la pareja de novios hicieron diversas acciones reclamando por los chicos, en comisarías, juzgados y la misma Armada. Mientras la familia de García Gastelú, a pesar de enviar un telegrama a Bahía Blanca contando lo sucedido, recibió la notificación donde declaraban a su hijo como su era considerado desertor por no presentarse en la base de Puerto Belgrano después de la licencia. Fueron al edificio Libertad y no recibieron respuesta al reclamo, mientras que el teniente de inteligencia León abrazó para consolar a la madre del muchacho, cuando ella reclamó por su hijo. El 1º de noviembre de aquel año fueron a la Capilla Stella Maris a ver al padre Graselli, capellán de la Armada, que recibía a los familiares de desaparecidos y confeccionaba fichas sobre cada uno de ellos.

En ese ir y venir por dependencias militares, ministerios y la nefasta capilla de la Armada, muchos familiares se cruzaban, se conocían y descubrían que estaban en la misma situación de búsqueda. Entendieron que estaban trabajando cada una por su lado, pero que si se unían podían lograr algo. El jueves 30 de abril de 1977 Haydeé Gastelú de García Buela, mamá de Horacio, se reunió con otras trece mujeres y reclamaron por primera vez por sus hijos desaparecidos en la Plaza de Mayo.

El poder militar se molestó con la ronda de las mujeres y logró infiltrar a un joven de la Armada para obtener información y buscar la manera de desarticularlas. A fines de 1977 decidieron publicar una solicitada en los principales diarios reclamando por la aparición de los desaparecidos. El 8 de diciembre hicieron una colecta especial para juntar dinero para pagar la solicitada y a la salida de la misa llegó Alfredo Astiz, el joven infiltrado bajo el nombre de Gustavo Niño, saludando a las principales madres, quienes fueron de inmediato secuestradas, llevadas a la ESMA y arrojadas al mar en un vuelo de la muerte. Ese día Haydeé no pudo ir porque se quedó cuidando a su padre, que estaba muy enfermo.

– Quedamos paralizadas, y no sabíamos si seguir o no. Pero si los militares nos atacaron de manera tan directa era porque estaba bien lo que hacíamos, y seguimos con las marchas – cuenta la fundadora de Madres de Plaza de Mayo.

Ella no recuperó a su hijo con vida, aunque durante el 2001 el EAAF le informó que identificaron a Horacio entre los masacrados en la localidad pilarense de Fátima. De su novia nunca hubo información.

Poemas

A Eduardo

 

En ese día que se despide
que no comemos juntos y me parece que si
que pedimos pizza y café entonces te veo las manos
cortadas, vos te reís y en los espejos
estamos pálidos y estamos felices
cuando la tarde se mancha y es inútil
que te rías indiferente;
ella no duerme en su casa y no cree
no puede ser la foto que no mira;
o porque hace frío yo
con el sobretodo tan cerca
y tan lejos del final como cualquiera
pero desde anoche ya lo sé y de la peor manera
ella compra el diario y busca con los ojos
nosotros no hemos dormido,
hablamos y ahora veo que esa tarde no
fue lo de las manos, estás como siempre
hemos por ahí pasado sobre las baldosas blancas
y negras y blancas y negras, pero al principio
cuando no te despido en la esquina a las 20.30 hs.
no decís tengo miedo miedo y qué, charlamos como
cualquier día ese día que no comemos juntos
porque se va hacer tarde y hasta Quilmes
hay tanto viaje y tanta
muerte que no se
qué pasa esa tarde que se mancha
y si te doy la mano o nos decimos
suerte o chau flaco o fenómeno.

Sin título

 

Este mismo sol que nos numera
dará de comer a nuestros hijos
lo poco que sepamos procurarles,
en su incendio de soledad
camina esta distancia apenas olvidada
como tejió la luz de enero juntos
después de enterrar a los más queridos
empujando la sangre con indiferencia.

Ojalá no extravíes tus ojos
verdes, y esta frente dibujada
para lo mejor, para lo mejor.

Fuentes

  • Garaño, Santiago y Pertor, Werner. La otra Juvenilia. Militancia y represión en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Buenos Aires. Editorial Biblos. 2008
  • D´Andrea Mohr, José Luis. El escuadrón perdido. La verdad sobre los 129 soldados secuestrados y desaparecidos durante el gobierno militar. Buenos Aires. Edtorial Planeta. 1998.
  • Redondo, Víctor. Palabra viva. Textos de escritoras y escritores desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado. Buenos Aires. SEA Catálogos. 2014.
  • Sentencia Causa Masacre de Fátima. 2008.

Notas

[1] Baglietto, de 27 años, casado, con tres hijos, delegado de la fábrica Darex y catequista en la villa Luján fue internado muy mal herido en Quilmes. Stella Maris Eden, su esposa, acompañada de otros militantes, lo sacaron del lugar para evitar que lo remataran. Se sabía que la Triple A estaba detrás de todo porque un oficial de la Bonaerense, Orlando Fernández, no solo lo confirmo sino que hacía alarde de haber participado en la ejecución. Montoneros ajustició al oficial de la comisaría 1º de Quilmes, mientras Baglietto, que tenía la cadera destrozada, con herida en las piernas y la mandíbula, huía de casa en casa con ayuda de sus compañeros. Por fin se instaló en zona norte, en la casa de la familia Lizaso, obreros y militantes de la Resistencia Peronista. Cuando Baglietto estuvo mejor volvió al ruedo, pero en octubre de 1975 lo encontró la Triple A y lo mató junto a su esposa.

Hoy puedo otro poquito…

Y cuando viene mañana: hoy puedo otro poquito…

Nora Cortiñas

Cadáveres (1981)

Por Néstor Perlongher

Bajo las matas
En los pajonales
Sobre los puentes
En los canales
Hay Cadáveres

En la trilla de un tren que nunca se detiene
En la estela de un barco que naufraga
En una olilla, que se desvanece
En los muelles los apeaderos los trampolines los malecones
Hay Cadáveres

En las redes de los pescadores
En el tropiezo de los cangrejales
En la del pelo que se toma
Con un prendedorcito descolgado
Hay Cadáveres

En lo preciso de esta ausencia
En lo que raya esa palabra
En su divina presencia
Comandante, en su raya
Hay Cadáveres

En las mangas acaloradas de la mujer del pasaporte que se arroja
por la ventana del barquillo con un bebito a cuestas
En el barquillero que se obliga a hacer garrapiñada
En el garrapiñiero que se empana
En la pana, en la paja, ahí
Hay Cadáveres

Precisamente ahí, y en esa richa
de la que deshilacha, y
en ese soslayo de la que no conviene que se diga, y
en el desdén de la que no se diga que no piensa, acaso
en la que no se dice que se sepa…
Hay Cadáveres

Empero, en la lingüita de ese zapato que se lía disimuladamente, al
espejuelo, en la
correíta de esa hebilla que se corre, sin querer, en el techo, patas
arriba de ese monedero que se deshincha, como un buhón, y, sin
embargo, en esa c… que, cómo se escribía? c. .. de qué?, mas, Con
Todo
Sobretodo
Hay Cadáveres

En el tepado de la que se despelmaza, febrilmente, en la
menea de la que se lagarta en esa yedra, inerme en el
despanzurrar de la que no se abriga, apenas, sino con un
saquito, y en potiche de saquitos, y figurines anteriores, modas
pasadas como mejas muertas de las que
Hay Cadáveres

Se ven, se los despanza divisantes flotando en el pantano:
en la colilla de los pantalones que se enchastran, símilmente;
en el ribete de la cola del tapado de seda de la novia, que no se casa
porque su novio ha
……………………….!
Hay Cadáveres

En ese golpe bajo, en la bajez
de esa mofleta, en el disfraz
ambiguo de ese buitre, la zeta de
esas azaleas, encendidas, en esa obscuridad
Hay Cadáveres

Está lleno: en los frasquitos de leche de chancho con que las
campesinas
agasajan sus fiolos, en los
fiordos de las portuarias y marítimas que se dejan amanecer, como a
escondidas, con la bombacha llena; en la
humedad de esas bolsitas, bolas, que se apisonan al movimiento de
los de
Hay Cadáveres

Parece remanido: en la manea
de esos gauchos, en el pelaje de
esa tropa alzada, en los cañaverales (paja brava), en el botijo
de ese guacho, el olor a matorra de ese juiz
Hay Cadáveres

Ay, en el quejido de esa corista que vendía “estrellas federales”
Uy, en el pateo de esa arpista que cogía pequeños perros invertidos,
Uau, en el peer de esa carrera cuando rumbea la cascada, con
una botella de whisky “Russo” llena de vidrio en los breteles, en ésos,
tan delgados,
Hay Cadáveres

En la finura de la modistilla que atara cintas do un buraco hubiere
En la delicadeza de las manos que la manicura que electriza
las uñas salitrosas, en las mismas
cutículas que ella abre, como en una toilette; en el tocador, tan
…indeciso…, que
clava preciosamente los alfiles, en las caderas de la Reina y
en los cuadernillos de la princesa, que en el sonido de una realeza
que se derrumba, oui
Hay Cadáveres

Yes, en el estuche de alcanfor del precho de esa
¡bonita profesora!
Ecco, en los tizones con que esa ¡bonita profesora! traza el rescoldo
de ese incienso;
Da, en la garganta de esa ajorca, o en lo mollejo de ese moretón
atravesado por un aro, enagua, en
Ya
Hay Cadáveres

En eso que empuja
lo que se atraganta,
En eso que traga
lo que emputarra,
En eso que amputa
lo que empala,
En eso que ¡puta!
Hay Cadáveres

Ya no se puede sostener: el mango
de la pala que clava en la tierra su rosario de musgos,
el rosario
de la cruz que empala en el muro la tierra de una clava,
la corriente
que sujeta a los juncos el pichido – tin, tin… – del son-
ajero, en el gargajo que se esputa…
Hay Cadáveres

En la mucosidad que se mamosa, además, en la gárgara; en la también
glacial amígdala; en el florete que no se succiona con fruición
porque guarda una orla de caca; en el escupitajo
que se estampa como sobre en un pijo,
en la saliva por donde penetra un elefante, en esos chistes de
la hormiga,
Hay Cadáveres

En la conchita de las pendejas
En el pitín de un gladiador sureño, sueño
En el florín de un perdulario que se emparrala, en unas
brechas, en el sudario del cliente
que paga un precio desmesuradamente alto por el polvo,
en el polvo
Hay Cadáveres

En el desierto de los consultorios
En la polvareda de los divanes “inconcientes”
En lo incesante de ese trámite, de ese “proceso” en hospitales
donde el muerto circula, en los pasillos
donde las enfermeras hacen SHHH! con una aguja en los ovarios,
en los huecos
de los escaparates de cristal de orquesta donde los cirujanos
se travisten de ”hombre drapeado”,
laz zarigueyaz de dezhechoz, donde tatúase, o tajéase (o paladea)
un paladar, en tornos
Hay Cadáveres

En las canastas de mamá que alternativamente se llenan o vacían de
esmeraldas, canutos, en las alforzas de ese
bies que ciñe – algo demás – esos corpiños, en el azul Iunado del cabe-
llo, gloriamar, en el chupazo de esa teta que se exprime, en el
reclinatorio, contra una mandolina, salamí, pleta de tersos caños…
Hay Cadáveres

En esas circunstancias, cuando la madre se
lava los platos, el hijo los pies, el padre el cinto, la
hermanita la mancha de pus, que, bajo el sobaco, que
va “creciente”, o
Hay Cadáveres

Ya no se puede enumerar: en la pequeña “riela” de ceniza
que deja mi caballo al fumar por los campos (campos, hum…),o por
los haras, eh, harás de cuenta de que no
Hay Cadáveres

Cuando el caballo pisa
los embonchados pólderes,
empenachado se hunde
en los forrajes;
cuando la golondrina, tera tera,
vola en circuitos, como un gallo, o cuando la bondiola
como una sierpe “leche de cobra” se
disipa,
los miradores llegan todos a la siguiente
conclusión:
Hay Cadáveres

Cuando los extranjeros, como crápulas, (“se les ha volado la
papisa, y la manotean a dos cuerpos”), cómplices,
arrodíllanse (de) bajo la estatua de una muerta,
y ella es devaluada!
Hay Cadáveres

Cuando el cansancio de una pistola, la flaccidez de un ano,
ya no pueden, el peso de un carajo, el pis de un
”palo borracho”, la estirpe real de una azalea que ha florecido
roja, como un seibo, o un servio, cuando un paje
la troncha, calmamente, a dentelladas, cuando la va embutiendo
contra una parecita, y a horcajadas, chorrea, y
Hay Cadáveres

Cuando la entierra levemente, y entusiasmado por el su-
ceso de su pica, más
atornilla esa clava, cuando “mecha”
en el pistilo de esa carroña el peristilo de una carroza
chueca, cuando la va dándola vuelta
para que rase todos.. . los lunares, o
Sitios,
Hay Cadáveres

Verrufas, alforranas (de teflón), macarios muermos: cuando sin…
acribilla, acrisola, ángeles miriados’ de peces espadas, mirtas
acneicas, o sólo adolescentes, doloridas del
dedo de un puntapié en las várices, torreja
de ubre, percal crispado, romo clít …
Hay Cadáveres

En el país donde se yuga el molinero
En el estado donde el carnicero vende sus lomos, al contado,
y donde todas las Ocupaciones tienen nombre….
En las regiones donde una piruja voltèa su zorrito de banlon,
la huelen desde lejos, desde antaño
Hay Cadáveres

En la provincia donde no se dice la verdad
En los locales donde no se cuenta una mentira
–Esto no sale de acá–
En los meaderos de borrachos donde aparece una pústula roja en
la bragueta del que orina-esto no va a parar aquí -, contra los
azulejos, en el vano, de la 14 o de la 15, Corrientes y
Esmeraldas,
Hay Cadáveres

Y se convierte inmediatamente en La Cautiva,
los caciques le hacen un enema,
le abren el c… para sacarle el chico,
el marido se queda con la nena,
pero ella consigue conservar un escapulario con una foto borroneada
de un camarín donde…
Hay Cadáveres

Donde él la traicionó, donde la quiso convencer que ella
era una oveja hecha rabona, donde la perra
lo cagó, donde la puerca
dejó caer por la puntilla de boquilla almibarada unos pelillos
almizclados, lo sedujo,
Hay Cadáveres

Donde ella eyaculó, la bombachita toda blanda, como sobre
un bombachón de muñequera como en
un cáliz borboteante – los retazos
de argolla flotaban en la “Solución Humectante” (método agua por
agua),
ella se lo tenía que contar
Hay Cadáveres

El feto, criándose en un arroyuelo ratonil,
La abuela, afeitándose en un bols de lavandina,
La suegra, jalándose unas pepitas de sarmiento,
La tía, volviéndose loca por unos peines encurvados
Hay Cadáveres

La familia, hurgándolo en los repliegues de las sábanas
La amiga, cosiendo sin parar el desgarrón de una “calada”
El gil, chupándose una yuta por unos papelitos desleídos
Un chongo, cuando intentaba introducirla por el caño de escape de
una Kombi,
Hay Cadáveres

La despeinada, cuyo rodete se ha raído
por culpa de tanto “rayito de sol”, tanto “clarito”;
La martinera, cuyo corazón prefirió no saberlo;
La desposeída, que se enganchó los dientes al intentar huir de un taxi;
La que deseó, detrás de una mantilla untuosa, desdentarse
para no ver lo que veía:
Hay Cadáveres

La matrona casada, que le hizo el favor a la muchacho pasándole un
buen punto;
la tejedora que no cánsase, que se cansó buscando el punto bien
discreto que no mostrara nada
– y al mismo tiempo diera a entender lo que pasase –;
la dueña de la fábrica, que vio las venas de sus obreras urdirse
táctilmente en los telares-y daba esa textura acompasada…
lila…
La lianera, que procuró enroscarse en los hilambres, las púas
Hay Cadáveres

La que hace años que no ve una pija
La que se la imagina, como aterciopelada, en una cuna (o cuña)
Beba, que se escapó con su marido, ya impotente, a una quinta
donde los
vigilaban, con un naso, o con un martillito, en las rodillas, le
tomaron los pezones, con una tenacilla (Beba era tan bonita como una
profesora…)
Hay Cadáveres

Era ver contra toda evidencia
Era callar contra todo silencio
Era manifestarse contra todo acto
Contra toda lambida era chupar
Hay Cadáveres

Era: “No le digas que lo viste conmigo porque capaz que se dan
cuenta”
O: “No le vayas a contar que lo vimos porque a ver si se lo toma a
pecho”
Acaso: “No te conviene que lo sepa porque te amputan una teta”
Aún: “Hoy asaltaron a una vaca”
“Cuando lo veas hacé de cuenta que no te diste cuenta de nada
…y listo”
Hay Cadáveres

Como una muletilla se le enchufaba en el pezcuello
Como una frase hecha le atornillaba los corsets, las fajas
Como un titilar olvidadizo, eran como resplandores de mangrullo, como
una corbata se avizora, pinche de plata, así
Hay Cadáveres

En el campo
En el campo
En la casa
En la caza
Ahí
Hay Cadáveres

En el decaer de esta escritura
En el borroneo de esas inscripciones
En el difuminar de estas leyendas
En las conversaciones de lesbianas que se muestran la marca de la liga,
En ese puño elástico,
Hay Cadáveres

Decir “en” no es una maravilla?
Una pretensión de centramiento?
Un centramiento de lo céntrico, cuyo forward
muere al amanecer, y descompuesto de
El Túnel
Hay Cadáveres

Un área donde principales fosas?
Un loro donde aristas enjauladas?
Un pabellón de lolas pajareras?
Una pepa, trincada, en el cubismo
de superficie frívola…?

Hay Cadáveres

Yo no te lo quería comentar, Fernando, pero esa vez que me mandaste
a la oficina, a hacer los trámites, cuando yo
curzaba la calle, una viejita se cayó, por una biela, y los
carruajes que pasaban, con esos crepés tan anticuados (ya preciso,
te dije, de otro pantalón blanco), vos creés que se iban a
dedetener, Fernando? Imaginá…
Hay Cadáveres

Estamos hartas de esta reiteración, y llenas
de esta reiteración estamos.
Las damiselas italianas
pierden la tapita del Luis XV en La Boca!
Las ”modelos” –del partido polaco–
no encuentran los botones (el escote cerraba por atrás) en La Matanza!
Cholas baratas y envidiosas – cuya catinga no compite – en Quilmes!
Monas muy guapas en los corsos de Avellaneda!
Barracas!
Hay Cadáveres

Ay, no le digas nada a doña Marta, ella le cuenta al nieto que es
colimba!
Y si se entera Misia Amalia, que tiene un novio federal!
Y la que paya, si callase!
La que bordona, arpona!
Ni a la vitrolera, que es botona!
Ni al lustrabotas, cachafaz!
Ni a la que hace el género “volante”!
NI
Hay Cadáveres

Féretros alegóricos!
Sótanos metafóricos!
Pocillos metonímicos!
Ex-plícito !
Hay Cadáveres

Ejercicios
Campañas
Consorcios
Condominios
Contractus
Hay Cadáveres

Yermos o Luengos
Pozzis o Westerleys
Rouges o Sombras
Tablas o Pliegues
Hay Cadáveres

– Todo esto no viene así nomás
– Por qué no?
– No me digas que los vas a contar
– No te parece?
– Cuándo te recibiste?
– Militaba?
– Hay Cadáveres?

Saliste Sola
Con el Fresquito de la Noche
Cuando te Sorprendieron los Relámpagos
No Llevaste un Saquito
Y
Hay Cadáveres

Se entiende?
Estaba claro?
No era un poco demás para la época?
Las uñas azuladas?
Hay Cadáveres

Yo soy aquél que ayer nomás…
Ella es la que…
Veíase el arpa…
En alfombrada sala…
Villegas o
Hay Cadáveres

……………………………………….

No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay.
Respuesta: No hay cadáveres.

Frente a ese “Fin de la historia” que nos proponen desde los centros imperiales -desde las grandes producciones ideológicas imperiales- nosotros somos un país de Funes Memoriosos, que no nos queremos olvidar de nada y que denunciamos de manera sistemática el Punto Final entendido como cierre de la Historia

David Viñas