Poemas de Luciana Reif

"Lunes", fotografía de Ezequiel Bados
1

Desde que nos separamos
perdí la costumbre de descolgar la ropa
cada vez que llueve
dejo que el agua pase con fuerza
que la vida se asiente de nuevo sobre las cosas
ya no limpio el polvo que se junta
sobre la superficie de los muebles
abro las ventanas para que el aire entre y se quede
vibrando en el ambiente.
Creo que todo lo nuevo oficia de despedida,
por eso cada tanto dejo que un chico
me agarre de la mano y me bese.

Entrada en Calor (El Ojo del Mármol, 2016)

2

Cuelgo la cabeza de mis padres
arriba de mi cama
para que me cuiden
mientras duermo.
Busco a tientas entre sueños
la teta de mamá
el deseo es ahora
esa teta enorme
que me alimenta
gateo en cuatro patas hacia ella
y la aprieto fuerte con mis labios
pero el amor es arisco
y papá también la quiere
me largo a llorar y consigo
que me acuesten en su cama
entre medio de los dos
sus cuerpos limpios
entrelazados al mío
el amor sin sexo
de mis padres.

Entrada en Calor (El Ojo del Mármol, 2016)

3

Ese mediodía la abuela almorzó en casa,
desde que está en el geriátrico cada tanto viene de visita.
Yo llegué un poco más tarde y me senté junto a ella,
su impecable vestido, sus ojos enormes que miran al cielo,
y su boca torcida por los antidepresivos.
Apenas me vio me agarró la mano, la besó con fuerza
y se la llevó a su pecho.
Papá seguro le contó que me separé,
al rato hablé con mi viejo y me dijo que sí,
un alivio porque yo no hubiera podido largar esa noticia
frente a los ojos de mi abuela
que absorben y refractan todas mis emociones.
Ella me siguió mirando y me dijo sos preciosa
un sin número de veces,
mi mano aferrada a la suya, contra su pecho, como un ancla
sintiendo el latido de su corazón, el tic tac de esa maquinaria
que estando tan cerca de la muerte, me enseña
cómo podemos seguir viviendo.

Entrada en Calor (El Ojo del Mármol, 2016)

4

Miro a la mujer que espera el colectivo en Plaza Constitución
su cuerpo quebrado,
la piel estriada como una flor marchita.
Pienso en su maternidad, un conteiner
lleno de escombros, cinco hijos dándole vueltas
como insectos diminutos, colgándose
de su pecho, mordiendo la carne.
No puede dar más de lo que da y lo sabe.
Mira a los niños como perros,
quisiera ser la dueña que suelta el hueso
para que vayan a jugar a otra parte,
pero son como moscas adictas a los focos de luz.
Quisiera apagarse,
ser prescindible un rato apenas,
pero ellos siempre piden más,
pueden ser malvados, herir hasta el llanto,
decir cosas tremendas y nadie los acusaría.
Son la violencia con la que fueron concebidos
por su cuerpo joven y brillante
en el colchón de un cuarto cualquiera,
sus piernas abiertas, el forro de su chico sin forro,
total, no importa,
total, te acabo donde quiero.
Ahora vuelve a su casa en colectivo,
piensa en la cena y se abstrae,
tal vez sin querer se olvide
a un hijo en el asiento.

Un hogar fuera de mí (Colección Visor de Poesía, 2018)

5

Mientras tomo el desayuno,
veo el surco entre sus pechos
cuando se agacha y sirve el café caliente.
Pienso en su cuerpo joven,
en lo bello de una madre
antes de ser madre,
cuando solo es mujer.
Imagino las miradas como inyecciones de lujuria
sobre su piel radiante, sus pezones duros contra la musculosa,
trazando el camino del placer, diciéndoles a los hombres:
es por acá, vengan.
Imagino su mirada penetrante, capaz de meterse
adentro de cualquier cuerpo,
capaz de abrir camisas, saltar botones,
el cinturón en sus manos,
el pene en sus manos,
deseando lo que se esconde detrás de la carne.
Es ella más que nadie, ahora y también antes,
es ella desnuda en una cama con un tipo cualquiera,
tan plena como esta mañana:
su vestido suelto y floreado, mientras me mira y sonríe
el café se vuelca sobre la taza hasta rebalsarla.

Un hogar fuera de mí (Colección Visor de Poesía, 2018)

6

Hombres como mi padre,
mi abuelo, mis novios,
mis hermanos,
vi sus cabezas llenas de grandes ideas
como un plato de comida que rebalsa,
lustré desde chica esos cráneos,
soy el placebo de tranquilidad
con el que después brillan fuera de casa.
¿Para eso caí en este mundo?
Como bolas de bowling enormes y pesadas,
podría encerar y pulir sus labios,
mi madre pasó la vida entera haciéndolo:
la cabeza de él en altas ceremonias,
la corona de flores tejida por ella
delante de sus jefes,
delante de su maestro,
delante de su propio padre.
Vi la inclinación que tienen estos hombres al afirmar,
el mentón hacia abajo,
rozando el cuello, cuando dicen:
sí, señor.
¿Alguna vez agradecieron el pecho materno,
la comida siempre lista cuando llegan a sus casas?
Estoy cansada de ser la otra del éxito,
estoy cansada de esos hombres,
quiero brillar,
no ser la luna que resplandece
con luz ajena.
Podría arrojar con fuerza una por una sus cabezas,
mis dedos apretando su nariz y su boca,
deslizándose con gracia por el suelo encerado
y pulido de la pista de bowling,
podría verlos estrellarse contra los palos
derribándolos con dolor,
pero manteniendo la sonrisa imperial
de quienes creen –como en una guerra– que han vencido,
que ahora son mejores que antes,
pero después vuelven hacia mí y los lanzo de nuevo.

Un hogar fuera de mí (Colección Visor de Poesía, 2018)

__________________________________

Luciana Reif nació en 1990, en Lanús, Buenos Aires. Es socióloga por la UBA y trabaja como becaria de investigación del CONICET y la Universidad Nacional de Avellaneda. Coordina junto con Valeria De Vito el ciclo de poesía “Lo que tan rápido fuga” en Espacio Enjambre. Tomó talleres de poesía con Osvaldo Bossi y Paula Jimenez España. Participó de las antologías El Rayo Verde (Viajero Insomne, 2014 y 2015) y Rizoma (2016). Poemas suyos fueron traducidos al italiano por el Centro Cultural Tina Modotti. Entrada en Calor (El Ojo del Mármol, 2016) es su primer libro publicado. En 2017 ganó el premio a la Creación Joven otorgado por la Fundación Loewe por su segundo poemario “Un hogar fuera de mí” a editarse por Colección Visor de Poesía.